Barcelona, un ejemplo para eliminar las colillas de las calles

En Barcelona hace años que fumar dejó de ser cool, o al menos, botar las colillas a la calle. La crisi económica de España ayudó a que el consumo de tabaco cayera, mientras que las medidas que ha tomado el Ayuntamiento (municipio) de la ciudad catalana desde hace 10 años ha ayudado para mantener limpias las aceras de los desechos de los fumadores.

En 2006 Barcelona innovó distribuyendo gratuitamente 250.000 ceniceros de bolsillo. El incentivo surgió luego de que se prohibiera fumar en las oficinas de trabajo, lo que se tradujo en un incremento de colillas botadas a las afueras de los edificios.  Los ceniceros de bolsillos son pequeños “estuches” de plástico que tienen un broche para que no se desparramen las cenizas. Esta medida la acaba de implementar la alcaldesa de Madrid, porque las colillas en el suelo, sí siguen de moda.

Para el 2010, la ciudad catalana incorporó en sus 28.000 basureros, un apagador de cigarrillos (hay un bote por cada 26 habitantes). Esto no es más que una rejilla metálica en la superficie de los papeleros con un pequeño cubículo donde caen las cenizas. Y los que no… multa para la casa. Si te pillan arrojando una colilla a la calle tienes que pagar 90,15 euros (68.800 pesos), aunque si la pagas de forma inmediata tienes un 75% de descuento. Si bien el municipio reconoce que no es fácil de concretar esta medida, sí hay centenares de ciudadanos que se han multado anualmente.

La mayoría de los centros hospitalarios de Barcelona están en la Red de Hospitales Sin Humo, donde se aprovecha el ingreso de un fumador, sea cual sea el motivo, para incentivarlo a que deje el cigarro y se aborde la dependencia que tiene. A los pacientes que quieran se les interviene o se los deriva a centros que te ayudan a dejar el vicio.