¿Cómo llegar a ser una ciudad amigable con los adultos mayores?

¿Cómo llegar a ser una ciudad amigable con los adultos mayores?

En Chile, todos los datos demográficos indican una cosa: la población chilena está envejeciendo rápidamente. Según la Encuesta Casen 2015, un 16,7% corresponde a ese grupo etáreo, cifra que se incrementa con el paso de los años y que plantea un desafío esencial: hacer ciudades amigables con las personas mayores.

Chile poco agradable

“La ciudad se convierte en un soporte básico para la calidad de vida de ellos. Son muchos más dependientes del barrio y el lugar donde viven. De ahí, que su mirada no esté incluida en los planes municipales, es un tema crítico”, explicó el académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica, Luis Eduardo Bresciani, en el seminario “Adultos mayores: un activo para Chile” del Centro de Políticas Públicas UC.

Para Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura de la UDD, “una deuda grande en nuestras ciudades es el tema de accesibilidad universal, osea que las oportunidades de la ciudad en cuanto a acceso a servicios, a espacio público, a bienes públicos, sean adecuadas para personas que tienen dificultades de desplazamiento”.

Por su parte, el exsubsecretario de Transportes, Cristian Bowen, expresó que en Chile las ciudades “son bien poco amables en general”, añadiendo que la experiencia del adulto mayor en sus traslados es “compleja” por la caminata misma, las veredas, “los servicios de transportes con mucha aglomeración, y los problemas que significan los costos con pensiones que, a veces, son muy bajas”.

Municipios por ciudades más amigables

Para poder enfrentar de mejor manera estos desafíos, lejos de buscar respuestas desde un organismo central, la clave estará en lo que puedan hacer los municipios.

“Las soluciones para este sector son soluciones de barrio y se dan a escala local. Los alcaldes debieran jugar un rol protagónico respecto a plantear soluciones, pero también a buscar los recursos y a plantearle al Estado cuáles deben ser las reformas necesarias para implementar sus ideas”, manifestó Bresciani, también presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano.

Allard hizo hincapié en que el nuevo marco legal “garantiza que de aquí al 2019 todos los edificios públicos tienen que ser accesibles. Tenemos que ver cómo exigir que esa ley no solamente se cumpla para los edificios públicos dentro de los plazos establecidos sino también para todos los espacios públicos al 2020”.

En lo que se refiere a los cambios que se deben realizar en los edificios públicos, el decano de la Facultad de Arquitectura de la UDD detalló que “significa cambiar gradas por rampas, soleras por continuidad. Es una inversión importante que nadie le ha dado el peso que importa y la responsabilidad va a caer en los gobiernos locales, los cuales van a necesitar recursos económicos y humanos para hacerlo. En la última elección municipal, este tema no existió. Y estamos hablando de plazos que vienen en los próximos tres años”.

El académico recalcó que las municipalidades “no solamente tienen que implementar lo que exige la nueva ley sino que además tienen que tener los recursos para hacerlo y las capacidades técnicas”.

No obstante, Bowen advirtió que, si bien está la exigencia en el cuerpo legal, puede darse que tanto los municipios como los ministerios digan que no tienen los dineros para costear las modificaciones, con lo que “la ley puede quedar muerta por falta de recursos”.

¿Qué urge hacer ahora?

Para los expertos, desde este instante es necesario que los municipios tomen cartas en el asunto y puedan abordar desde ya la realidad del envejecimiento de la población.

Luis Eduardo Bresciani consideró que hay que poner el foco “en primer lugar, mejorar la calidad del espacio público y la movilidad respecto a la caminata. En segundo lugar, la cercanía a los servicios públicos y a los servicios básicos de salud y de comercio respecto a los adultos mayores. Y en tercer lugar, participación ciudadana. Permitir que los adultos mayores se organicen y que puedan ser más protagonistas del trabajo en sus barrios”.

A su vez, Cristián Bowen también consideró vital el “participar y abrir espacios”. Afirmó que es un problema el que en algunos municipios “no hay oficinas del adulto mayor realmente participativas en que puedan plantear sus inquietudes. Si se abre ese espacio de participación, después se puede canalizar de mejor manera”.

En tanto que para Pablo Allard, “lo más urgente es capacitación. Que los técnicos municipales cuenten y conozcan las norma de accesibilidad y entiendan la dificultad que hay y puedan fiscalizar. Y luego, que tengan la capacidad para desarrollar proyectos. Y, luego, implementar y construir esos proyectos”.